Hacia dónde todo esté más claro, en la dirección aún sin indicaciones en la que los pasos sean firmes.
Firmes y caí, de rodillas, dolió por todos y todas: las partes y las cosas.
Así funciona, abrigado con el sol de pleno, y con los brazos desnudos en una corriente invernal que dejaba testículos como piñones.
Esta mañana hice una comparación mojada en un monstruoso bizcocho mojado en el café: "La terraza verde, el salón marrón y la entrada fría y oscura". Será posible que esto de entrar y salir, ¿va a ser muy del estilo de las llegadas?.
Si, de las llegadas, las marchas y despedidas son odiosas, algunas incluso suman postdata, recados y almacenaje degradable para la cabeza y el corazón.
Cuantas cosas tienen que pasar, más correcto es para todos; de cuántas deberíamos olvidarnos y tantas otras llevarnos en vértigo, entrega y de la misma manera con dejadez.
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