sábado, 14 de agosto de 2021

Viernes, y?

Anoche llevaba las manos hasta arriba de pintura y mermelada. 

La primera salada para una tostada, la segunda muy dulce para cualquier pincel, empalagosa le resultaría a la tela que fuera.

Se me antojó su cintura en el paso de cebra. 

Coceò hasta que se me olvidó, hasta más allá del cruce con el parque, a la altura de la casa del muro granate. 

En la fuente donde su pelo voló y me preguntó si así me gustaba. 

Si así es como hacía las cosas.... me quedé mirando el agua cayendo y amigo, como nada sería ni podría ser lo mismo, continué con lo mío.

Conseguí que sus latigazos me dejaran en paz a lo largo de día. Por la noche escapaba de mi cabeza, y de poder hacer algo para que no me atormentara su vestido y esas maneras tan originales, tan de semáforo y tela verde. 

lunes, 9 de agosto de 2021

El contenedor de reciclaje

Ese momento en el que el camión vacío recoge el vidrio reciclado del contenedor lleno, a full; va y lo vierte, es brutal. Sea la hora que sea, el momento en el que ruge el cristal cayendo sin saber ni como ni dónde va, quiebra, llega a donde sea... te obliga a darte la vuelta.

Todo se amontona, algunos recipientes quedan intactos, otros convertidos en fragmentos por la violencia del proceso el peso y la caída, podrían terminar clavándose en algún sitio.

No tengo sitio ni lugar para eso, es que ni pensarlo. Cuanto más lejos mejor.

Hace mucho más poco tiempo del que parece, no había contenedores de manera permanente por la calle. De poco a este tiempo, me los encuentro en todos sitios, ¿me estarán invitando a entrar?, ¿a dejar de generar y arreglar lo que hago?.

Mucha paja mental noto por los aledaños. Nada de esto tiene que ver con los contenedores de la esquina, bueno, tiene que ver con la vez aquella en la que pasamos justos por allí. Ojo, aquí no hay drama, ahora paso solito.

Guardo imágenes furtivas de aquellos momentos y justo entonces lo más grande habría sido hacérselo ver a los demás; nada de egoísmo, lo habría hecho por felicidad, por tener el sol de cara (con lo que me jode). No estuve allí solo y lo apreciaba.

Poquito después, una vez que los camiones llenos y los contenedores vacíos dejaban las calles despejadas, fuera quizás para pensar en silencio o para comer fuerte y cagarse en los portales. 

Esto va por barrios, como los momentos, las ganas y las fantasías medidas por las peleas con lo imposible y las ganas de que no fueran así.

sábado, 7 de agosto de 2021

Su apoyo y sus rodillas

Algo que se mantiene durante siempre.

Abres el armario y que te digo yo; falta algo. Pues no.

No ha faltado nunca a nada o mejor dicho, no ha faltado nunca.

Termina todo en mas o menos lo mismo: las fotos que te mandan o ves en los perfiles de la gente a la que miras.

Terrazas, casas y ex de tu ex, o en mi caso: piernas.

miércoles, 4 de agosto de 2021

Que angustia con advertencia

No es fácil hacer cosas que abren poco el apetito.

En ocasiones se pone a contrapié llevar a cabo esa tarea que la jodía lejanía planta como inmediata.

Perder el hábito de la costumbre con la carga de los hombros encogidos. 

Duele lo poco que cuesta que sucedan cosas por el esfuerzo ajeno.

Listo y preparado para algo que aterriza a cualquiera. 

Que miedo que ganen los malos, que espanto de escena, que mala producción.

El amor es el vino que más pronto se avinagra, deberíamos saber si saladas lágrimas son responsables. Me chivan que simplemente el mal hacer o la costumbre.

Con todo borroso poco puedo orientar, el dolor de ojos poco deja a la orientación y al consuelo.

El desconsuelo deja todo como cuento.

martes, 3 de agosto de 2021

Carta en blanco y negro

Hace mucho alguien se dejó un papel en un cajón. 

El papel estaba preparado para escribir con pluma a tinta negra a ser posible.

Hacía tanto tiempo que no se abría el cajón, que al deslizarlo por sus guías este soltó un tufo avinagrado que duró hasta media tarde, (a lo mejor es darle mucha importancia a tanto tufo para este cajón tan inocente y simplón, con abrirlo tuvo suficiente).

Una vez desalojada la habitación y ventilada la estancia todo volvió a su ser, a lo largo del tiempo en aquel sitio nadie recordó el cajón pestilente. 

El papel blanco quedó como papel blanco y los que sufrieron de intoxicación respiratoria, disfrutaron de su vida sin anotaciones impertinentes de ninguna pluma afilada.

El tiempo oxidó la pluma, la dejadez la tinta secó, y nadie pensó en volver a abrir aquel cajón por molesto, por apestoso y por mal que hacía a muchos otros.

Besitos y fin.

viernes, 30 de julio de 2021

Esa soy yo?

Me da muchísimo miedo escribir sobre todo lo que te echo de menos. Esta misma noche entre sweet lovin', tick tock y enjoy the silence, se le quebraron las ganas al chaval. Todo eso después de haber hablado contigo.     

Se me escapó mucho por cada vez y por cada momento, a veces receloso. Nunca encontré mi nombre ni ese gesto.

Tengo el tiempo pero no se si debería gastarlo. Suenan violines y el control no depende de mi, eso ya está perdido.

Y no estoy, no me encuentro. 

Veo que no estás, no en esas historias en las que el otro se marcha mientras llueve o nieva o pasan cosas estupendas (de veras, así que molaría, ¿no?), sólo un paraguas pararía el agua, la distancia y las ganas que tengo. 

Faltan comas y estrofas y páginas a toda hostia, sobran todas ellas. 

Esos ojos tuyos: bonito a rabiar en la plaza de un lugar donde me gustaría haberte cogido la mano. 

En una servilleta de una mesa en la plaza de no sé donde había una fuente con niños corriendo, ¿es un tinto de verano?.

Lanzo el mensaje y te convierto en víctima, soy el bueno. Todo lo demás me afecta, así que como es para mal, alguien paga la culpa, mierda. 

A partir de ahí se monta la de dios.

Debería probar a hacerme menos caso, a no cocinar plantas, a seguir por lo mío. ¿Y si resulta que no le pudiera dedicar esa copla que tanto anhelo y que se quemó donde no debía?

Me cago hasta en la puta, ¡que le suben el alquiler! coño.

martes, 27 de julio de 2021

Enchufado y febril (¿se notó?)

Perdí el sentido del gusto y pensé en la cantidad de veces en las que algo resultó realmente sabroso.

La sal, el limón, la carne pasada. Luego está el asunto de la verdura y la ensalada para tenerla en el centro de la mesa y no tocarla, pero: ¿y lo bien que me hace sentir?

Hablando de lo de bien: estuve en lo correcto, me equivoqué llevando la razón y muchísimas veces tuve que recular incluso sabiendo que aquello solo tenía sentido para hacerme sentir bien.  

Entre ramas y piedras, aprisionado sobre aberturas metálicas. Sudé la gota gorda porque aquella puerta no se escapara de la puntera de la bota. 

En los patios y aparcamientos públicos mugrientos no merecía la pena mirar la hora del tíquet.  

Terminaba todo y fuera donde fuere el remate se encontraba entre nuestros labios.