viernes, 20 de agosto de 2021
Investigación y prueba (irreflexiva de 2 cosas)
Aún así, con cosas que hacer, lo importante está en el prójimo.
No supo a buena sopa el tiqui-tiqui sobre la mesa, o el taca-taca por debajo, y no tratamos temas pasionales, hablamos de los nervios y momentos que no podemos controlar cuando una incógnita es el día a día.
!Ea¡, que presión.
Es mucho más que curioso que alguien que tomó el silencio como tregua y remate me preguntara: ¿y si un día te pide volver?. Un no rotundo por supuesto a la que pregunta y otro a la que ni se sabe.
Quedó todo en nada.
En contra, mucho que exprimir lejos de conversaciones curiosas e impertinentes. Impresiona la manera en la que tienes algo cuando no esperas absolutamente una mica de nada.
Me quedaré un buen rato sin moverme para que mis apuntes corporales no sean registrados en ningún sitio y de ninguna manera.
Jodamos el martes, el jueves, bueno en principio el día da lo mismo. Lo importante es quedarse como siempre sin tener en cuenta las consecuencias, o como afecta a los demás.
Creo que fui lo suficientemente abstracto como para que ningún cerebro frágil siga sin enojarse. Que se mantenga tan corto como siempre!!
miércoles, 18 de agosto de 2021
Lunes 16
Por un segundo hubo silencio, nada de bullicio y atropello en la mesa para cuatro justo al fondo.
Arriba sobre el silencio alguien preguntó, ¿pero qué haces?.
Esta es fácil. El panorama invitaba a ayudar. Los pudo el entusiasmo y se los llevó hacia la sorpresa.
Que emocionante como altera la impresión la calma a los besugos, los gestos dejaron caer en la mesa que aquel experimento al menos sería tenido en cuenta.
Una lástima que la tarde llevara en seguida al final y se acabara.
Por un par de días y mirando a dos antes, no sé que pasa. Lo del 16 estuvo bien, felicidad y alegría.
Se queda como la pintura de la carretera que se sale del margen, funciona pero es defectuosa.
sábado, 14 de agosto de 2021
Viernes, y?
Anoche llevaba las manos hasta arriba de pintura y mermelada.
La primera salada para una tostada, la segunda muy dulce para cualquier pincel, empalagosa le resultaría a la tela que fuera.
Se me antojó su cintura en el paso de cebra.
Coceò hasta que se me olvidó, hasta más allá del cruce con el parque, a la altura de la casa del muro granate.
En la fuente donde su pelo voló y me preguntó si así me gustaba.
Si así es como hacía las cosas.... me quedé mirando el agua cayendo y amigo, como nada sería ni podría ser lo mismo, continué con lo mío.
Conseguí que sus latigazos me dejaran en paz a lo largo de día. Por la noche escapaba de mi cabeza, y de poder hacer algo para que no me atormentara su vestido y esas maneras tan originales, tan de semáforo y tela verde.
lunes, 9 de agosto de 2021
El contenedor de reciclaje
Ese momento en el que el camión vacío recoge el vidrio reciclado del contenedor lleno, a full; va y lo vierte, es brutal. Sea la hora que sea, el momento en el que ruge el cristal cayendo sin saber ni como ni dónde va, quiebra, llega a donde sea... te obliga a darte la vuelta.
Todo se amontona, algunos recipientes quedan intactos, otros convertidos en fragmentos por la violencia del proceso el peso y la caída, podrían terminar clavándose en algún sitio.
No tengo sitio ni lugar para eso, es que ni pensarlo. Cuanto más lejos mejor.
Hace mucho más poco tiempo del que parece, no había contenedores de manera permanente por la calle. De poco a este tiempo, me los encuentro en todos sitios, ¿me estarán invitando a entrar?, ¿a dejar de generar y arreglar lo que hago?.
Mucha paja mental noto por los aledaños. Nada de esto tiene que ver con los contenedores de la esquina, bueno, tiene que ver con la vez aquella en la que pasamos justos por allí. Ojo, aquí no hay drama, ahora paso solito.
Guardo imágenes furtivas de aquellos momentos y justo entonces lo más grande habría sido hacérselo ver a los demás; nada de egoísmo, lo habría hecho por felicidad, por tener el sol de cara (con lo que me jode). No estuve allí solo y lo apreciaba.
Poquito después, una vez que los camiones llenos y los contenedores vacíos dejaban las calles despejadas, fuera quizás para pensar en silencio o para comer fuerte y cagarse en los portales.
Esto va por barrios, como los momentos, las ganas y las fantasías medidas por las peleas con lo imposible y las ganas de que no fueran así.
sábado, 7 de agosto de 2021
Su apoyo y sus rodillas
Algo que se mantiene durante siempre.
Abres el armario y que te digo yo; falta algo. Pues no.
No ha faltado nunca a nada o mejor dicho, no ha faltado nunca.
Termina todo en mas o menos lo mismo: las fotos que te mandan o ves en los perfiles de la gente a la que miras.
Terrazas, casas y ex de tu ex, o en mi caso: piernas.
miércoles, 4 de agosto de 2021
Que angustia con advertencia
No es fácil hacer cosas que abren poco el apetito.
En ocasiones se pone a contrapié llevar a cabo esa tarea que la jodía lejanía planta como inmediata.
Perder el hábito de la costumbre con la carga de los hombros encogidos.
Duele lo poco que cuesta que sucedan cosas por el esfuerzo ajeno.
Listo y preparado para algo que aterriza a cualquiera.
Que miedo que ganen los malos, que espanto de escena, que mala producción.
El amor es el vino que más pronto se avinagra, deberíamos saber si saladas lágrimas son responsables. Me chivan que simplemente el mal hacer o la costumbre.
Con todo borroso poco puedo orientar, el dolor de ojos poco deja a la orientación y al consuelo.
El desconsuelo deja todo como cuento.
martes, 3 de agosto de 2021
Carta en blanco y negro
Hace mucho alguien se dejó un papel en un cajón.
El papel estaba preparado para escribir con pluma a tinta negra a ser posible.
Hacía tanto tiempo que no se abría el cajón, que al deslizarlo por sus guías este soltó un tufo avinagrado que duró hasta media tarde, (a lo mejor es darle mucha importancia a tanto tufo para este cajón tan inocente y simplón, con abrirlo tuvo suficiente).
Una vez desalojada la habitación y ventilada la estancia todo volvió a su ser, a lo largo del tiempo en aquel sitio nadie recordó el cajón pestilente.
El papel blanco quedó como papel blanco y los que sufrieron de intoxicación respiratoria, disfrutaron de su vida sin anotaciones impertinentes de ninguna pluma afilada.
El tiempo oxidó la pluma, la dejadez la tinta secó, y nadie pensó en volver a abrir aquel cajón por molesto, por apestoso y por mal que hacía a muchos otros.
Besitos y fin.