Me toca tirar a mi, ¿debería callar por si afecta?, no, por mucho que os quiera.
Préstamos, los que me dejan, soy un canalla honrado, poco me he llevado.
Lo intenté, lo prometo, traté de escaparme, coño, ya no quepo por la rendija.
Quise componer algo grande, hacer una cosa que además de merecer la pena, fuera impresionante.
Al mismo tiempo me reía al hacerlo, mala señal cuando uno se ríe de sus propios chistes.
Como resultado, una decepción, no podía ser de otra manera, exigencia y placer, mierda, no sirve.
Me pongo a ello, busco una palabra y el resultado es: -última-, el decía mucho "cojones"; todo esto choca con mi filosofía del optimismo.
El final es inevitable, y no por ello malo, pero puestos a disfrutar del achaque, que sea sin fin.
Lo puntos tachados y redondeados en mi libreta son de otra tinta, de otro bolígrafo, para la tinta no hay goma de borrar que funcione.
Venga lo que venga, traiga lo que lleve, "quedóseme por acabar de llegar"; diría creyéndoselo.
Impresiona la falta de confianza en un hombro, es como cualquier otro, pero mejor.
Hasta la ocasión mil ofrece algo nuevo, algunos pudieron asegurarme que sentían rencor, mucho miedo y aún más curiosidad, todos se tiraron.
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