Y me buscaba de vuelta, justo ahora que en realidad no se puede dar ni media, media nada, que contrariedad y que cara de sorpresa.
También buscó la vuelta, no sé a qué, ni hacia donde, para reírse o llorar, nada de tintas grises, escandalosas pinturas de guerra.
¿Pero podemos hacer que esto cambie a partir de ahora?, y sin hablar ni darle la razón, estuve de acuerdo. Se llenaban mis ganas de retomar, pero no así, ni con ella.
Ánda, no me lo esperaba, tú no eres así, ¿no?, ja, ja. Pues que quieres, es una risa ver las cosas desde este lado, si.
Las pistas indicaban que necesitaba un arrullo, una vuelta de sabana, un abrazo, el besazo que cada mañana le prometo a la barandilla que le daré a Domingo.
Estuve un par de días arrimado a una esquina, arrugado y pensando de más.
Todos los días lo mismo, el mismo final, con un miedo acojonante a que todo fuera otra vez normal, a las horas, a la incertidumbre, a tener sólo un poco más.
Se acabó el inmediato mañana, no sobra ni un momento y no te atreves a pedirme que me duche contigo, que quieres algo, o nada, un beso, un día cuando sea.
Vuela, intenta dormir, sin adornarlo, vuela y olvídate por lo menos hasta mañana, confórmate.
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