Mira, haz lo que debas, pero cuando todo esto esté donde debe, cojo hora y muerdo tela me mires como me pongas.
Entrar a matar sin chaleco antibalas tiene sus inconvenientes, más si escuchas con otros planes, pensando en mirar otros ojos.
No te pondría en un compromiso, esto es raro, pero después de todo ¿lo de menos es ponerse a saber, no, Broadway?.
El que pregunta obtiene respuestas, y la mía tiene la piel pálida.
Después de toda esta parrafada, como no me entero de nada, dime si lo que quieres es lo que creo que quieres, o después de tanto tiempo resulta que te hiciste un trasplante de cerebro.
Es posible que lo necesite, pero no para aclararte aún más el blanco.
Finalmente fueron dieciséis, dieciséis canciones, salvé tres y no por ser mucho peores, las quemé porque no quise hundirme aún más, elegí tres más, otras tres canciones, de las mías.
Las que me llevan donde quiero estar, allí te escucho hablar como antes de todo este sembráo de tirria y sal.
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