Bongos, djembés, congas y timbales, toda la percusión a una vez mientras suene cursi que corazones vibren al mismo tiempo que sus tacones se cargan los adoquines. El ayuntamiento debería pedirle cuentas, yo también, ahora que lo pienso por todo lo que me debe: noches en vela, velas que se consumen al borde de cada uno de los días que pasan y no sucede nada.
Tomo aire para reprochar que así no se puede; si lo que más me apetece es alquilar un bungalow, paso, se lo cuento de otra manera, resulta absurdo, jubiloso, coño: vivaracho que le dé la razón y este bucle de entretiempo lleve una sola dirección.
Mucho más complicado ayer, mucho más porque al cruzar y transitar por entre nosotros pasan cosas que nadie entiende, ¡páva!, aquí estoy al cruzar.
Si, de manera que sueltas cuerda, mantienes la distancia, (más bien poca) y planteas un poco después si será suficiente.. díta sea, eso no lo sabe naide, la práctica convierte el aprendiz en insólito retrasado que lo sabe todo.
Mientras tanto casi consiguen venderme la almohada definitiva, ¡que cabe en una maleta!, vaya, vaya, todo funciona y cabe según uno quiera o necesite, esto último es lo mío contigo, delincuente.
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