No recuerdo haber dejado reflejada de ninguna manera una marca, ni seguir una especie de olimpiada o yincana para recoger pistas o llegar a alguna frontera imaginaria de soluciones claras y efervescentes.
Tapan a los ojos creativos una maraña negra de flecos, mechones de pelo negro sobre el cuello de camino a las sábanas. Un camino larguísimo, con la noche entera espabilada, antes mirando, ahora sin poder ver.
Marcho y olvido cubrir la boca, me levanto entre sillas vacías y además de muy poco aumento, no dura pared en el camino, y más duro aún mirar de espaldas el suelo con la mano por cualquier muro.