Humo de colores, como esta ninguna otra cosa, desvaneciéndose entre las calles, ¿y que me dices de los flecos de la chaqueta volando hacia donde lleve la corriente?, el aire.
Un, dos, tres, se te mueve el flequillo, sonríes esperando un bollo que explote, hey, que zambombazo!
Me ponen en un anuncio y soy incapaz aquí en occidente de encontrarme, tecnología aparte, acerté, falló la anilla, incomprensible.
Se me echa la luz de la ventana encima, y la uña por la cuerda de la guitarra. Los cajones y sus cepos no me dejan dormir en paz, antiprogramando, tic, tac, batería y pegadizos estribillos.
Redoble, vientos y una acústica que debería ser la envidia en los mejores días de los peores momentos.
Menudo disgusto, la demanda no hizo más que sacudir el pescado congelado y los vapores que al cerrar la puerta dejaron esa peste habitual de los vecinos del piso de abajo. Que agudo todo.
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