viernes, 6 de noviembre de 2020

Carrión, costumbre y panorama

 Me  levanto, pero solo un poco, se podría decir que me muevo.

¿A que le meto una patada?

Los muebles son míos, la casa de alquiler, todo lo demás está por ganar.

El coche lo vendí, las visitas a mi amante y entusiasta melena del levante se quedaron por un par de temporadas esperando con los botones abrochados.

Que suerte que cuando no era así su escote se agitaba bajo mi mirada, la saliva y la inspección no era cuadrada, se escapaba a los ojos de los demás en otra habitación, desde luego que esconderse no fue una opción delante de todo el mundo.

Pasó por una última vez muy discreta hasta media tarde, llegando a ese momento y pasando el autobús no puedo recitar palabra porque su boca me lo impedía.

Tu, tú, tu, túm, a base de bajos muy bajos, de miradas a los ojos, al mismo centro, con muy mala leche, de la peor, de la que deja la salida de un restaurante vegetariano con ganas de carne.

Y debería pensar (madre mía) y no poner obstáculos, pero sus pantalones y forma de mirarme en el pasillo lo ponen difícil, que decir de sus piernas ausentes de tela, fue bárbaro aquel viaje en taxi.

Sin respiración, me dejó sin respiración, aquella noche y algo más tarde con la maleta en la estación.

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