Todos los días van desordenados, en ellos no están tus brazos, me sobran tres cuartos.
Velando la ventana al paso de la furgoneta que bien temprano irá a no se dónde, me quedo en cualquier lado.
Clavo los ojos en el techo, lanzo mis calcetines a mirar por la ventana, dormir con los remos fríos, no es lo mismo.
Cuatro grandes bloques cargo en mis espaldas, cuatro grandes y sinceras verdades, añado pimentón, lo demás lo aparco, me siguen sobrando tres cuartos.
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