Me costaba muchísimo meter en la misma bolsa de basura los restos del día a día y los jodidos envases de plástico tanto de bebidas como de limpiadores y detergentes, un problema en aquel momento más orientado al espacio y la resignación que a tratar bien el aire, el suelo o el mar, tan lejos de uno que no supone una preocupación.
Esa fue la razón por la que empecé a reciclar, nada de conciencia ni de respeto al entorno, mi intención navegaba hacia ser práctico y no descuajeringar todo de camino al cubo gris con tapa naranja.
La vergüenza algunas noches al ver tres cubos cerca del portal y sólo una bolsa en mis manos, me empujó a separar también el papel y el cristal, dadas las circunstancias, no me venía nada mal darme un paseo de vez en cuando a los contenedores de la esquina.
No se trata de beber la cerveza a morro en el grifo del barril, debería ser tan fácil como poner la lata en la bolsa correspondiente, hablar de un futuro verde, sostenible y posible, es esto último, posible.
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