sábado, 4 de julio de 2020

Alto

Cerré la puerta de la cocina para quedarme con el mueble de las cazuelas como panorama visual, los azulejos brillaban debido a la luz que rebota a esas horas desde el patio de luces, no fué por causa del calor el motivo por el que la conversación empezó a derretirse.

Cada palabra necesitaba un buen vaso de agua fría, y el final de cada frase una bocanada de aire para rellenarme el vacío en el pecho.

Tenía miedo a empezar a hablar, por lo que terminar aquella conversación me aterraba, seguía como podía el hilo de aquella demencia y perdía poco a poco el dominio de cada momento, las pausas fueron las peores que recuerdo, no nos interrumpirnos ni una sola vez, y lo que quisiera ahora mismo es cortar, parar, poder detener su recitado. 

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