Me trató muy mal, así que se hace difícil entender porque esa fijación en no dejarla de lado.
Un poco de claridad, las gafas limpias y la cabeza despejada sacan una carcajada burlona y despegada hacia aquella sábana arrugada y mal llevada por los vaivenes del patio de vecinos.
Por cada palabra, por cada gesto y en todos los escenarios, deja de venir, ni la recuerdo ni la añoro, una puñalada sobre otra es lo más estúpido, ponerse zancadillas es absurdo, cáete si así debe ser, y comprueba si las suelas y los cordones pintan bien, o lo llenan todo de borrones.
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