domingo, 2 de febrero de 2020

Andrómeda

El gesto más sincero por parte de la persona menos esperada se dió en el peor momento, me desinfló y me sacó de la sala, como el disolvente a la pintura, como la nada a cualquier cosa.

Para esa situación no me quedaron balas, no tuve que mover la mano a la cartuchera porque la piel ya se me deshacía.

Me desanimó durante el camino de vuelta no saber que hacer con la poca luz que reflejaban la calle, la del día me ciega, y hasta ahí y de esa manera lo entendí siempre.

Justo ahora la ilusión del pasado viernes se cuela por las rendijas como el aire en la corriente, se queda en hasta luego, en el chocolate con leche que nunca puede con el cacao al 90, en tener que explicar con cara de asombro.

No era el día, no estaba predispuesto a perder, a encajar, es como si todo lo que he tenido que enderezar fuera de alambre y costara muy poco quebrarlo.

Volcàrselo todo es injusto, no es merecible para nadie, pero habría sido bonito. 



  

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