viernes, 14 de febrero de 2020

No sé porqué

Lo solté porque la inquietud y el desquiciamiento me tenían los huesos carcomíos, y necesitaba que me correspondiera, algo bonito habría estado bien.

Pues no, no lo hubo, con una sonrisa muy blanca, muy grande, me explicó que las cosas son como son porque cada uno es como es, y cada quien es cada cual, maldito Serrat.

Casi no la oí decir "pues no sé porqué", tampoco veía su cara, así que me quedé más o menos como ella, en parte satisfecho y en parte sorprendido.

Las seis de la tarde animaron mas bien poco el taburete vacío a la derecha, el de la izquierda también lo estaba. Las doce de la noche seguían los pasos de las seis, por el estilo, sin pistas, sin el punto morado de su pecho.

Pasaba la estación, las hojas secas me cubrían los pies, y seguía esperando alguna puntada, por mucho que doliera, siempre despega una buena respuesta como coartada, díta sea. Tiempo, que cabrón, siempre se ríe de mi, a la cara, sin complejos, con ventaja y con razón.

Aquí lo que pesa es lo que pasa, y lo que pesa es lo que sucede siempre que busco una carantoña, lo termina compensando con una mano tapando su boca cuando una frase le resulta abochornadora.

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