Le faltaba un marco que lo adornara todo, fino y discreto, fino por el grosor, discreto por el volúmen, que fuera dentro sin gritar.
Tenia ya ganas de escribir desatino, en verdad que lo fué, con cara de asombro y brazos cruzados sobre el pecho, el resto de ocasiones si se extrañó fué por lo leve y falta de tensión en la boca, me lo garantizó.
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